domingo, 15 de diciembre de 2013

Sola.

Parecía que Alba no se cansaba de esperar, de estar sola. Podía llevarse frente al hipnótico fuego todo el día. Le ayudaba a pensar, en las llamas podía ver sus éxitos y sus mayores oscuridades. De fondo escuchaba el ruido de la vida a través de su ventana. Cuando llovía su soledad se volvía confortable, el sonido de la madera quemándose y las gotas de lluvia en el cristal le hacían feliz.


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