Dejaron de ser mías, pasaron a otros ojos, sin avisar, sin letra pequeña. Tus fotos cambiaron de diana, de punto de mira. Disfrútalas, nuevo destinatario.
Él se creyó propietario de por vida. Presumía de su condición de ser dueño de fotos exclusivas, solo realizadas para él. Su ego subió como el vino rojo a la cabeza. Pero llegó su resaca y se dio cuenta que todo es efímero, que todo tiene caducidad. Así reafirmó su idea de disfrutar del Carpe Diem antes de que le quiten todo.

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